ACEPTAR LO QUE NO SE PUEDE CAMBIAR

Cuando asimilé que hay cosas que no se pueden cambiar por mucho que nosotros queramos sentí un alivio tremendo.

¿Qué cosas no se pueden cambiar?

No se puede cambiar que hoy está lloviendo y que no voy a poder celebrar mi fiesta en el patio como a mí me gustaría.

No se puede cambiar que me han operado de la espalda y no puedo correr.

No se puede cambiar una pandemia.

No se puede cambiar el carácter de mi marido. (No amiga, no se puede cambiar el carácter de nadie.)

No se puede cambiar mi estatura.

No se puede cambiar que el avión se ha retrasado y no llegaré a la reunión.

No se puede cambiar una enfermedad (algunas sí)

No se puede cambiar una muerte.

Y tantas, y tantas cosas que no se pueden cambiar.

Cuando aceptas que hay situaciones que no se pueden cambiar te sientes mucho más liviana, tu mente pesa menos, no te quedas enredada en ese bucle mental del “y si…”, ni tampoco te quedas enganchada en la queja. 

¡Es increíble la cantidad de energía que se pierde cuando nos quedamos atascadas en ese modo!

En ningún momento he dicho que sea fácil. 

De hecho no lo es. 

Es algo que hay que trabajarse y que cuando se consigue es gratificante a más no poder.

Quiero remarcar aquí que aceptación no es lo mismo que resignación

No, no lo es. 

No es lo mismo decir: “Sé (o acepto) que mi marido tiene un carácter muy brusco. Yo no lo voy a cambiar y no voy a permitir que me hable de tal manera” a decir “Si es que él es así, ¡qué le vamos a hacer!

¡No!

Una vez que aprendes a aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar y que hay cosas que no dependen de ti ya has dado un paso bastante importante. 

Felicítate. 

¡Enhorabuena!

Ahora vamos a por el siguiente, ¿qué sí puedo cambiar? ¿qué está en mis manos? ¿de qué cosas soy responsable? ¿qué cosas sí dependen de mí?

Ahí entra en juego la responsabilidad. El coger al toro por los cuernos. 

Te voy a dejar aquí unas preguntas a ver qué te dice tu mente y cuerpo cuando te las formules:

¿Me creo responsable de mi propia vida o creo que hay otros que intervienen en ella más que yo?

Quizás, lo primero que te sale es un “¡claro que sí!”

Pregúntatelo de nuevo:

¿Me creo responsable de mi propia vida, de lo que me pasa, de lo que decido, de lo que hago, de lo que no hago, … o creo que hay otros que intervienen en ella más que yo?

En esas sensaciones que aparecen en tu cuerpo y en esos mensajes que te llegan a tu mente tras preguntártela, ahí tienes la respuesta. Ahí aparecerán muchas creencias limitantes de capacidad, de merecimiento,… que te darán mucha información.

Amiga, autoconocerse y crecer personalmente no es fácil ni rápido pero es brutal.

Te invito a que leas mis otros artículos del blog para seguir “tirando del hilo” en este camino tan bonito del crecimiento personal donde la protagonista eres tú y tu objetivo es ser y estar mejor cada día contigo misma.

No, no es egoísmo. Es autoamor.

Te leo en comentarios y me cuentas si se te ha removido algo leyendo este post.

Un abrazo.

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